El último tren de Sean McVay
La trastienda del traspaso de Myles Garrett y por qué el destino del entrenador de los Rams está completamente ligado a Matthew Stafford.
Son las 06:00 de la mañana. Escribo esto desayunando y, entre tostada y tostada, ya un poco más en frío, la conclusión que saco del traspaso de Myles Garrett es la siguiente: a Sean McVay no le queda mucho tiempo en Los Ángeles. Obviamente no tengo la verdad absoluta ni pretendo vender esto como una realidad sagrada, pero es la teoría que me deja el cuerpo tras el movimiento. Este traspaso tiene toda la pinta de ser el último gran órdago de un entrenador que quiere exprimir su ventana de Super Bowl al máximo, porque intuyo que no tiene ninguna intención de quedarse a liderar un nuevo proyecto. Cuando Matthew Stafford diga basta, McVay cerrará la puerta detrás de él.
Evidentemente, un bombazo de este calibre no se hace de forma unilateral. Por mucho que McVay luche a muerte por tener a Garrett en su defensa, si Les Snead no quisiera, esto no se firmaría. Snead es el GM y tiene la última palabra. Lo fascinante aquí, bajo mi punto de vista, no es un conflicto en las oficinas, sino ver cómo conviven dos profesionales que comparten el mismo objetivo hoy, pero cuyos caminos en Los Ángeles creo que tienen un recorrido temporal completamente diferente. La meta de McVay está mucho más próxima que la de Snead.
En las últimas horas se ha hablado mucho de que este movimiento solo se entiende porque los Rams ya draftearon a Ty Simpson en primera ronda, sintiendo que las espaldas del equipo están cubiertas para el día de mañana. Y ahí es donde se nota el sello de Snead: el arquitecto que, aun aceptando seguir quemando las naves, busca tener una red de seguridad para el futuro y proteger el largo plazo de la franquicia.
Pero da la sensación de que a McVay ese mañana le da exactamente igual. Él no quiere incógnitas, quiere certezas, y ahí es donde los dos relojes se descompasan. Ty Simpson puede ser el futuro sobre el papel, pero un QB joven siempre es un melón por abrir y mi intuición es que McVay no está en un momento de su carrera para sentarse a esperar respuestas. Sabe perfectamente que la ventana de Stafford tiene fecha de caducidad y por eso prefiere jugárselo todo con un monstruo como Garrett que le da garantías de ganar ya, antes que desgastarse moldeando un proyecto lleno de dudas.
Al final, este movimiento representa lo que yo creo que son los Rams: dos personas con dos líneas temporales distintas que consiguen llegar a un punto intermedio y hacer que ambas visiones coexistan en el presente. Esa química entre los despachos y el banquillo es, precisamente, lo que hace que este proyecto pueda funcionar en sus últimos años de vida.
Por supuesto que hoy los Rams son muchísimo mejor equipo que ayer. Pero ya conocemos cómo funciona la NFL: poner toda la carne en el asador y juntar nombres de época jamás ha sido sinónimo de asegurar un anillo. Mi sensación es que McVay prefiere morir con las botas puestas en su última función, y Snead ha decidido darle las mejores armas posibles para el viaje.





Muy buena reflexión. 🏈